viernes, 15 de junio de 2018

Mi punto de vista sobre el actual momento político que vivimos en España.


Partiendo de la base de que en el actual régimen de partidos que tenemos, todos son intereses de partido, demagogia y mentira. No me extraña nada lo que haga o pueda hacer cualquier partido político ya sea en el gobierno o en la oposición, aunque por eso no me deja de dar coraje y algo de frustración, cuando como acaba de hacer el recién estrenado gobierno socialista, levantando el control financiero a la Generalitat de Catalunya por el Estado; algo que sin duda facilita y da más alas a los separatistas, pero que de alguna manera, el actual gobierno socialista, tendrá que ir pagando el voto que recibieron de ellos en la moción de censura y les alzo al poder, que en definitiva es lo que está en juego y lo que interesa. Al margen de los ciudadanos de la democracia y de España.
Todo es demagogia, en la clase política, en los medios de comunicación, y en los que defienden el régimen de partidos que tenemos para beneficiarse de alguna manera viviendo del Estado o para destruirlo como quieren los nacionalistas, sin hacer más méritos que el de militar en un partido político, engañar, mentir o como servidumbre política de sus dirigentes. También hay otros que bien por ignorancia, cierta comodidad, miedo a lo desconocido o a perder su actual estatus social, prefieren o quieren que todo siga igual, haciendo el juego y colaborando con los partidos políticos de uno u otro signo.
No hay moralidad política y como consecuencia la sociedad se está contaminando. En España no hay democracia formal, lo que hay es un amago de democracia, una democracia aparente, que otorga libertades individuales, libertades que más bien son derechos de los ciudadanos, pero no libertad política para elegir a nuestro presidente de gobierno, ni a nuestros representantes en el parlamento.
Los intereses en juego en el régimen de partidos que tenemos, se diga lo que diga, son en primer lugar los intereses de los dirigentes políticos y luego los de su partido y allegados. Los intereses de España, relacionados con la supervivencia de la nación, la integridad territorial, la soberanía nacional, el bienestar de los ciudadanos, la igualdad de la que tanto hablan y la paz social, que deberían ser prioritarios para cualquier gobernante democrático. Están en peligro por los nacionalismos separatistas, las autonomías y el régimen de oligárquico de partidos estatales. Y es que los problemas que están surgiendo en España con los nacionalismos separatistas y la corrupción no se pueden solucionar por los mismos que los crearon, la oligarquía de los partidos políticos que se reparten los poderes del Estado. Los intereses de partido y de sus oligarcas, incapaces de solucionar estos conflictos, los acrecientan, debilitan y hacen perder prestigio al Estado. Y si los españoles no lo remediamos, de alguna manera, terminaran destruyendo España.
Sería bueno, o más bien necesario, que el pueblo español despertara de una vez y dejara de hacer la cama a los partidos políticos, que junto con la monarquía tienen el poder y la soberanía de España. Pues se quiera o no se quiera, son los culpables de la debilidad, pérdida de energía y credibilidad del Estado para solucionar los problemas existentes en nuestro país. Entre otras cosas porque han sido ellos los que los han creado (con las autonomías) y colaborado por intereses partidistas y de reparto de los poderes del Estado con los nacionalismos para llegar a donde hemos llegado.
Discutir entre los ciudadanos qué partido político o dirigente político es más o menos corrupto o embustero, entre quien es más o menos progresista, de derechas o de izquierdas, quien lo hace mejor o peor en el gobierno o en la oposición. Cuando todos, dirigentes y partidos, buscan sus propios intereses personales y partidistas que no tienen que ver nada, ni con los ciudadanos, ni con la Nación. No me parece nada útil, ni constructivo, es simplemente entrar en su juego, perder el tiempo, ya demostrado en más de cuarenta años, que no vamos por buen camino y si queremos hacer algo positivo, diferente, por nosotros mismos y por los que vienen de tras de nosotros, tendremos que cambiar de referencia, de paradigma, en este caso de forma de ver y actuar en la política, en la medida que podamos hacerlo, ya que a todos nos interesa, por nuestra seguridad, nuestro futuro y bienestar, por la democracia e incluso por nuestra propia moralidad.
Por lo anteriormente expuesto, pienso que participar en unas elecciones, votando a una oligarquía de partidos. Donde los ciudadanos son simples invitados y no los verdaderos protagonistas para elegir a sus gobernantes y representantes, participando en un sistema viciado, injusto y no democrático, simplemente para dar legitimidad a los partidos políticos que junto con la monarquía tienen todo el poder político del Estado. Se está convirtiendo, al menos bajo mi punto de vista, en una falta de moralidad, por los ciudadanos, al colaborar con la propia inmoralidad política de los partidos y/o en una servidumbre voluntaria de estos.
Primero las libertades políticas y una verdadera democracia que no tenemos, para hacer unas buenas reglas del juego (Constitución) que todo el mundo respete; que tenga claros elementos para proteger a las minorías, la democracia y la integridad de España; que incluyan la separación de poderes; la estructura del Estado, distinta a la que tenemos ahora; una ley electoral justa y equilibrada, para elegir presidente de gobierno en circunscripción única para toda España y representantes en el parlamento en circunscripciones aproximadas de cien mil electores (36. 518.100 electores : 100.000 = 365 diputados aproximadamente), de forma separada y sin listas de partidos; que cualquier español pueda presentarse libremente, pertenezca o no pertenezca a ningún partido político o asociación. Lo primordial es que tengamos libertad política para elegirlos y deponerlos si se corrompen o incumplen el mandato por el que han sido elegidos.


martes, 12 de junio de 2018

Que no se lo pongan fácil..


No se trata de poner difícil o fácil se trata de que las cosas sean o no fáciles.
·         Y desde luego, P. Sánchez se encuentra con una España donde, con todos los problemas, ahora hay margen de maniobra para actuar, (desde el plano económico).
·         Se encuentra con un problemón que es buscar una manera de restablecer la unidad de España, rota por el independentismo catalán desde las instituciones y con amenazas, aunque tímidas, desde los ámbitos vascos.
·         Se encuentra con su competidor natural, hasta ahora, que es el PP, dolido por el “mandoble” recibido e intentando reponerse en su rincón del cuadrilátero.
·         Por otra parte tiene a su lado al peor de los amigos de los que bien se puede decir aquello de “con amigos como estos para qué quiere uno enemigos” (Unidos Podemos y sus variantes)
Pero, en estas pocas horas que han pasado desde el viernes, observo que el periodismo en general todavía anda más torpe que la política, y siguen hablando de unos y de otros en las mismas claves que hablaban antes de la MC.  Siguen criticando al PP de forma desaforada aquellos que le criticaban como si todavía estuviera en el gobierno y fuera el partido al que hay que derrocar.  ¿Será que en su ofuscación no se enteraron del resultado de la MC?  Por otra parte los medios menos duros con el PP están tratando de encontrar las causas de cómo se llegó a esta situación, ¿otros que no se han enterado?.    Para mi todo esto demuestra que esta situación ha sido un auténtico “shock” y que tendremos que esperar unas semanas hasta que todos se enteren y sean conscientes de que ahora el gobierno de España lo ostenta el PSOE y que es P. Sánchez quien tiene que mover ficha nombrando su equipo y estableciendo un conjunto de prioridades de actuación.  Y, en mi opinión, hará bien en no estar demasiado pendiente de lo que los “medios” quieren de él.  El PSOE ha gobernado muchos años en España, y, cuando no se ha dejado llevar por la precipitación ni por dar gusto únicamente a los que le jaleaban, ha gobernado de forma muy digna.  Esperemos que el nuevo gobierno siga siendo el adalid de la política con mayúsculas. 

lunes, 11 de junio de 2018

Moción de censura y democracia.



Con la moción de censura presentada por el PSOE a Mariano Rajoy. Podemos entrar a criticar el oportunismo de Pedro Sánchez y sus ganas desmesuradas de llegar a presidente del gobierno, sea como sea, y como lo ha conseguido.
Podemos entrar a criticar a todos los partidos políticos, pues todos conocían, hace tiempo, las corruptelas del PP ,y ninguno había hecho nada hasta ahora; como igualmente muchos de ellos conocen las suyas, sus corruptelas,  especialmente el propio PSOE y el PDe CAT. Ósea que el tema de la corrupción no es nuevo ni exclusivo del PP, la corrupción es sistémica, está presente en la sociedad y especialmente en todos los partidos políticos que de alguna manera han tenido o tienen poder en alguna institución del Estado.
También podemos criticar a los nacionalistas que en cuanto tienen ocasión hacen lo que pueden para sacar el máximo provecho del Estado, al que entre otras cosas quieren destruir. Caso del PNV, que después de sacar una buena tajada al gobierno en los Presupuestos del Estado, con el cupo vasco, al día siguiente lo deja tirado formando una piña con los que solo buscan debilitar y destruir al Estado, y con los que, sospechosamente, dejan quererse por ellos.
Aparte de lo anteriormente expuesto hay cosas que en otras ocasiones pasan más desapercibidas, pero ahora quedan más al descubierto como es la elección del presidente del gobierno en una moción de censura, donde se elige presidente sin mayoría de diputados de un solo partido. En el Estado de partidos son los jefes de partido quienes eligen al jefe del ejecutivo y no los ciudadanos como debería ser en una auténtica democracia, ni siquiera podemos decir que lo eligen los diputados, ya que estos carecen de libertad de voto, por mandato imperativo de su propio partido; esto último prohibido por la propia Constitución Art. 67.2. Por lo tanto, queda claro que los ciudadanos en ningún caso tienen la elección de elegir a sus propios gobernantes. Y por otra, que los partidos políticos no cumplen ninguno, en la mayoría de los casos, la Constitución que tanto reclaman.
En el Estado de partidos también queda claro que el poder ejecutivo y el legislativo son la misma cosa. El partido político, que solo o acompañado por otros, obtiene la mayoría en el Parlamento (poder legislativo), puede formar gobierno (poder ejecutivo). Y por tanto el presidente de gobierno puede ejercer el poder de gobernar y legislar a su conveniencia. No hay separación de poderes, imprescindible en toda democracia. Ni tampoco independencia del poder judicial, toda vez que al Fiscal General del Estado y Tribunales de Justicia los elige también el gobierno de turno y el parlamento respectivamente.
Por otra parte, si el poder legislativo echa abajo al poder ejecutivo, bien sea por corrupción, por una pésima gestión o abuso de poder; el legislativo, también tiene que disolverse, inmediatamente después, y convocar unas nuevas elecciones. Lo mismo debería ocurrir, pero a la inversa, si fuera el gobierno (poder ejecutivo), el que por alguna cuestión grave como no aprobar los Presupuestos del Estado o bloqueo de iniciativas del gobierno por el parlamento, fuera este el que disuelve al legislativo. Los poderes se deben de controlar unos a otros para que no haya abuso de poder por ninguno de ellos, pero no tiene que haber preponderancia de uno sobre otro. Si uno de los poderes disuelve al otro, el que disuelve tiene también que disolverse inmediatamente después, para que sea el pueblo el que, en unas nuevas elecciones, separadas lógicamente, elija de nuevo a los dos.
Queda claro que no tenemos democracia y que todo es demagogia y mentira. En definitiva, lo que tenemos es una oligarquía de partidos que gobiernan y se reparten el poder entre ellos, haciendo participes a los cuídanos de su propio engaño.

viernes, 8 de junio de 2018

El PSOE vende a España.


Con 85 de 350 diputados y tras perder dos elecciones, Sánchez entra en La Moncloa a hombros de los que apoyan el golpe en Cataluña, los proetarras, los populistas antisistémicos de Podemos y un desleal PNV, socios todos en la tarea de empeorar España
El definitivo apoyo de los cinco diputados del PNV garantizó ayer a Pedro Sánchez la mayoría absoluta necesaria para el éxito de la moción de censura. Si los grupos que hoy intervienen en la segunda sesión del pleno del Congreso mantienen el sentido de su voto, el secretario general del PSOE será investido presidente del Gobierno y el PP pasará a la oposición. Se pondrá fin a un periodo de gobierno iniciado en diciembre de 2011, con una mayoría absoluta que fue decayendo en 2016-17 a mayorías relativas. Ningún escenario político obedece a causas únicas. La caída de Rajoy no iba a ser la excepción. La moción de censura del PSOE ha cabalgado a lomos de errores –serios– cometidos por el Gobierno y el PP, principalmente en su agenda política, de comunicación y de lucha contra la corrupción. Pero no hay que confundirse ante el significado ético y político del acceso de Sánchez a La Moncloa. Aparte del impagable servicio prestado por la izquierda judicial –preparado y aquilatado desde hace tiempo–, Sánchez entrará en La Moncloa de la mano de los proetarras de EH Bildu, quienes ayer mismo, mientras anunciaban su apoyo al candidato socialista, rendían homenaje al autor del primer asesinato de un guardia civil.

Si grave es la corrupción económica, peor es la corrupción moral del PSOE que suprime los escrúpulos necesarios para no aceptar nada de los apologistas del terrorismo. Sánchez también entra en La Moncloa a hombros de Esquerra Republicana de Cataluña y del PDECat, partidos que quieren romper España, derogar la Constitución y que han puesto al frente de la Generalitat a un digno representante del neofascismo xenófobo y racista, avalado desde ayer por la condescendencia de Pedro Sánchez para con sus diputados. No es compatible el esfuerzo de la Justicia española –empezando por el Tribunal Supremo– con este pacto político innegable del PSOE con los separatistas catalanes. Se abre una nueva etapa para España en la que la izquierda ha conseguido articular esa mayoría revanchista y revisionista que tanto anheló Rodríguez Zapatero, a quien Pedro Sánchez puede superar en su balance frentista. Sánchez llega a La Moncloa para quedarse y para usar el poder con la misma vocación intervencionista que Zapatero. Nada va a quedar sin ser alterado: el consenso constitucional, la respuesta frente al separatismo catalán, el régimen estatutario vasco, la memoria histórica, la estabilidad financiera, la Justicia y la educación. Este es el programa de gobierno de Pedro Sánchez, tan lesivo para España que no tuvo la decencia de reconocerlo. Los peores enemigos de España están esperanzados por lo que puedan rebañar de la debilidad de Pedro Sánchez, presidente títere de una coalición de partidos ansiosos por conseguir en La Moncloa lo que no les ha permitido el Estado de Derecho, la Constitución y la dignidad nacional.
El paso del PP a la oposición no debe traducirse en un enroque numantino. Está obligado a hacer en la oposición y en menos de un año, la renovación que pudo haber hecho con tranquilidad y desde el poder, y que no hizo por un exceso de arrogancia en la valoración de sus propias fortalezas

Ninguno de sus nuevos aliados echa de menos nuevas elecciones y sólo la pulsión antisistema de alguno de ellos puede provocar el fracaso de esta mayoría disfuncional amalgamada por el eterno rechazo al PP. También es una nueva etapa para el PP, cuyo paso a la oposición no debe traducirse en un enroque numantino ni en una tabla rasa de sus errores pasados. Por el contrario, este cambio le obliga a hacer en la oposición y en menos de un año, la renovación que pudo haber hecho con tranquilidad y desde el poder, y que no hizo por un exceso de arrogancia en la valoración de sus propias fortalezas y de las debilidades ajenas. La desafección por la iniciativa política y la confrontación ideológica también ha mermado la envergadura del Gobierno del PP.

Rajoy ha optado por no dimitir porque su dimisión no garantizaba una nueva investidura de otro candidato del PP. Es cierto, pero tampoco el PSOE tendría garantizada la investidura de su candidato en un escenario político que sería distinto y en el que la ausencia de una mayoría suficiente para la investidura de cualquier candidato acabaría forzando unas nuevas elecciones, que debería ser el objetivo legítimo para la salida de esta crisis. La insistencia de Rivera en una dimisión que abriera en una transición pactada cayó en saco roto. El centro derecha político tiene que reaccionar. Ya basta de más de lo mismo. No ha servido para nada la renuncia de principios ideológicos esenciales para ganarse de la izquierda la palmadita en la espalda. Debe organizarse en torno a proyectos sólidos, sin caer en más personalismos, y prepararse para la batalla ideológica frente a una coalición que no sabrá gobernar España, pero sí le hará todo el daño posible.

lunes, 4 de junio de 2018

El grave error estratégico de Albert Rivera.


Solo hacía falta ver ayer la cara de descomposición de Albert Rivera en el Congreso, y el lamento a la desesperada que me hacía un diputado de Ciudadanos en el pasillo del Congreso: “¿Pero, por qué no dimitió Rajoy?”, para darse cuenta del gravísimo error estratégico que ha cometido el líder de Ciudadanos en esta crisis política que ha vivido España.
Quien hace tan solo una semana acariciaba con sus manos la mayoría en las encuestas, en dos días, ha quedado totalmente descolocado en el tablero político y condenado a una posición marginal, solo por una razón: querer apuntarse la medalla de haber obligado a dimitir a Mariano Rajoy y echarlo de la Moncloa por la puerta de atrás.
Pero ese empeño era para hombres más curtidos en las batallas políticas, que actúan con prudencia frente a un ya expresidente, que se la sabía todas. No iba a arrojar su cabeza a los pies de Rivera, como el trofeo a exhibir en los próximos años, para intentar desbancar al PP como primera fuerza del centro derecha español. Se iba a mantener firme hasta el final.
¿Cuál ha sido el error de Rivera en el que hoy coinciden la mayoría de los analistas políticas?, pues en la ya famosa frase, tras conocer la sentencia de la Gürtel: “La legislatura está liquidada” y pedir automáticamente unas elecciones anticipadas porque, evidentemente, le favorecían a él.
Esta frase provocó el pánico en el PNV, que veía cómo se podían evaporar los 540 millones de euros que arañó a Rajoy para apoyar sus presupuestos y sentía en el cogote la amenaza de una victoria de Rivera en las elecciones, el enemigo del “cupo vasco”, que tanto beneficia al nacionalismo vasco.
La frase de Rivera también le valió de resorte a Pedro Sánchez para adelantarse rápidamente y registrar la moción de censura, quizás sabiendo ya que el PNV la iba a apoyar, para proteger sus privilegios. En ese mismo instante, Rivera la había palmado.
Su última baza ya solo era la dimisión de Rajoy, el trofeo a cazar, la bandera electoral que le servía para recorrer España en una campaña que, en ese momento, le beneficiaba. Pero Rajoy, astuto político curtido en mil batallas, decidió resistir como último servicio al Partido Popular y al centro derecha español.
Nadie le garantizaba que, si dimitía, el PNV, que ya le había traicionado, iba a respaldar al nuevo candidato popular. La misma mayoría que iba a apoyar la moción de censura de Sánchez podía tumbar a este candidato. Entregar dos cabezas en 24 horas era ya demasiado. La dignidad del Partido Popular no se merecía ese bochorno.
Y resistió, y su estrategia, si el Partido Popular realizada una renovación serena, sin enfrentamientos internos, puede beneficiarle, y de qué manera, en el plazo de los dos años que restan para las elecciones.
La voz de la oposición, dura y descarnada, en el Congreso será la del Partido Popular con sus 137 diputados, y no la de Rivera con 32. Ciudadanos tendrá que mojarse en todos los temas, sobre todo en los de carácter social: eutanasia, aborto, muerte digna, Ley LGTBI, relaciones Iglesia-Estado, educación concertada, en los que ha tenido una oposición muy alejada de los principios del centro derecha, que, hasta ahora, le pensaba votar. Esta oposición puede empezar a devolver al PP los votos más a la derecha, que habían empezado a irse.
La aparición de un nuevo líder en el PP y la retirada de Rajoy ya no es un argumento para no votar al PP, “los mismos de siempre”, a los que se le relaciona con la corrupción.
Y la figura de Rajoy empieza a emerger como la víctima de la torpeza de un Rivera, que ha provocado, con su actitud, que la izquierda y los independentistas lleguen al poder en España.
Todo ello unido a una gestión de Sánchez y los independentistas que, en un año y medio, puede provocar el pánico en un centro derecha que, por temor, se reagrupe en torno a un PP nuevo, sin relación con el pasado de corrupción, que tanto daño le ha hecho.
Como decían ayer muchos diputados de Ciudadanos, entre la amargura y el shock de ver cómo de un plumazo se han quedado sin sitio en la política española: “Le hemos entregado al PP un relato real para convencer a los suyos”.
Esta es la realidad a día de hoy, pero la política, como hemos visto, en tan solo dos días, puede cambiar totalmente por un error de estrategia propio, o ajeno.