jueves, 17 de septiembre de 2020

Pedro Sánchez e Inés Arrimadas.


Después de mes y medio de manosear a Inés Arrimadas (Presupuestos Generales del Estado), y mostrándose ella dispuesta a la coyunda (tenemos que ser útiles), ayer en el Parlamento se sube la bragueta y no contento con tamaño renuncio, sorprendentemente le escupe en la cara.    Menos mal que Arrimadas llevaba mascarilla y pudo ocultar su estupor y sorpresa, eso sí, con la mirada desencajada buscando consuelo en su compañero Edmundo Val, a modo de preguntarle ¿pero a qué viene esto ahora?

Está claro que ahora Pedro volverá a humedecer con su lengua los labios de Rufián, que estaba profundamente despechado con el idilio Pedro-Inés, y proseguirá con los toqueteos a los pequeños partidos que están lascivamente deseosos de concederle sus favores, a cambio de continuar su labor, que no es otro que seguir cual termitas la destrucción del Estado actual tal como lo conocemos, eso a medio plazo, y la consolidación de sus parcelas de poder, a corto.    Hace tiempo que la política española es un vodevil, pero tiene visos de convertirse en una película de cine para adultos.

Se dice que ... "nadie puede engañar a todo el mundo todo el tiempo" ... bueno, esa es la única esperanza.