martes, 20 de febrero de 2018

Pablo, Pablito, Pablete.

Pablo Iglesias, no se entera o no se quiere enterar de que las desigualdades sociales, no solamente vienen por los temas económicos, fiscales, trabajo o desarrollo de ciertas zonas del territorio nacional. También por motivos identitarios que los nacionalismos insistentemente ponen de manifiesto para conseguir más ayudas, inversiones en su territorio y prebendas, en detrimento de los que no son nacionalistas y que normalmente estos, los nacionalistas, consiguen con mucha facilidad de los distintos partidos y gobiernos del Estado, que han tenido y todavía tienen algunos, la misma forma de pensar que los de podemos. Darles todo lo que piden para tenerlos contentos, les apoyen para formar gobierno y aprobar los presupuestos del estado cuando sea necesario.
Los de podemos y también los de otras formaciones políticas que, con frecuencia, respaldan, apoyan y ayudan también de alguna manera a los nacionalismos, sin duda, por intereses, ceguera y ambición desmesurada de poder y poca visión o nula de estado, pensando que de esta manera conseguirán el apoyo de unos y otros, nacionalistas-separatistas y de los que no lo son, sin darse cuenta de que los primeros ya tienen a los suyos y a los no separatistas no les hace ninguna gracia su ambigüedad y posicionamiento sesgado, y a veces bastante pronunciado, al nacionalismo-separatista que lejos de ayudar a integrar lo que hacen es agrandar el problema mucho más.  Juegan al despiste denunciando problemas, que, aun siendo ciertos, con sus actitudes y poca seriedad, pierden toda credibilidad, pues cuando tienen que arriesgarse y pronunciarse claramente, no arriesgan nada, como en el caso del independentismo catalán.


viernes, 9 de febrero de 2018

La memoria es corta.



Tendemos a interpretar el pasado filtrándolo por el tamiz de lo que vemos en el tiempo presente. Si en una charla de cafetería preguntásemos cuál de estas dos regiones, Cataluña o Galicia, contaba con más población en el siglo XVIII, indudablemente la mayoría de los parroquianos nos dirían que Cataluña, pues hoy la comunidad mediterránea aventaja a la atlántica en 4,8 millones de habitantes. Sin embargo, lo cierto es que en 1787 Galicia tenía más población que Cataluña: 1,3 millones de gallegos frente a 802.000 catalanes. Los saludables datos demográficos del confín finisterrano eran además un síntoma de pujanza. En el siglo XVIII algunos pensadores ilustrados presentaban a Galicia ante otros pueblos de España como un ejemplo de sociedad bien articulada económicamente.
Bendecida por un clima templado y con generosos dones naturales, ya bien conocidos desde los romanos, buenos amigos de su oro y su godello, entre 1591 y 1752 se estima que Galicia duplicó su población. Su éxito se basaba en una agricultura autosuficiente, que recibió un empujón formidable con la perfecta y temprana aclimatación del maíz a los valles atlánticos. Pero había más. Una primaria industria popular, cuyo mejor ejemplo era el lino. Y también, claro, los recursos de las salazones de pescado, donde tanto ayudaron empresarios catalanes; la minería, las exportaciones ganaderas, el comercio de sus puertos… Todo ese edificio gallego, tan perfectamente ensamblado durante siglos y triunfal en el XVIII, entrará en crisis súbitamente en el XIX y se vendrá abajo. Fue un colapso de naturaleza maltusiana (Galicia se torna incapaz de atender las necesidades que genera su bum demográfico) y da lugar a un éxodo de magnitudes trágicas: desde finales del siglo XVIII hasta los años 70 del siglo pasado se calcula que un millón y medio de personas huyeron de la miseria de Galicia. Buenos Aires fue durante largo tiempo la segunda ciudad con más gallegos y ese gentilicio todavía es allí sinónimo de español.
¿Por qué se hunde Galicia en el siglo XIX? Porque decisiones políticas externas voltean su modo de vida tradicional. La apuesta por la industria del algodón mediterránea, que será protegida con reiterados aranceles por parte del Gobierno de España, arruina la mayor empresa de Galicia, la del lino. Los nuevos impuestos del Estado liberal, que sustituyen a los eclesiásticos, obligan al campesinado a pagar en líquido, en vez de en especie, y lo acogotan. Aislado del milagro del ferrocarril, el Noroeste languidece, lejano, ajeno a los nuevos focos fabriles, establecidos en Cataluña, con su monopolio de la industria del algodón, y en el País Vasco, cuya siderurgia pasa a ser también protegida como empresa de interés nacional.
Stendhal ante el proteccionismo
El declive de Galicia en el XIX coincide con el espectacular ascenso de Cataluña, debido al ingenio y laboriosidad de su empresariado y a su condición de puerta con Francia. Pero hubo algo más. En su Diario de un Turista, de 1839, Stendhal, el maestro de la novela realista, recoge con la perspicacia propia de su talento sus impresiones tras un viaje de Perpiñán a Barcelona: «Los catalanes quieren leyes justas –anota–, a excepción de la ley de aduana, que debe ser hecha a su medida. Quieren que cada español que necesite algodón pague cuatro francos la vara, por el hecho de que Cataluña está en el mundo. El español de Granada, de Málaga o de La Coruña no puede comprar paños de algodón ingleses, que son excelentes, y que cuestan un franco la vara». Stendhal, que amén de escritor era también un ducho conocedor de la administración napoleónica, para la que había trabajado, capta al instante la anomalía: el arancel proteccionista, implantado por los gobiernos de España en atención a la perpetua queja –y excelente diplomacia– catalana, ha convertido al resto de España en un mercado cautivo del textil catalán, cuando es notorio que es más caro y peor que el inglés. Un premio colosal, pues no había entonces industria más importante que la del algodón, que será pronto matriz de otras, como la química. Esa descompensación primigenia, el arancel, reescribe toda la historia económica de España. A partir de esa discriminación positiva inicial, que le permite arrancar con ventaja frente a las otras comunidades, pues España era un páramo industrial, Cataluña va acumulando más y más espaldarazos por parte del Estado. Aunque también hay que ensalzar el ímpetu y la capacidad de la burguesía catalana.
Cataluña, siempre lo primero
La primera línea férrea de España es la Barcelona-Mataró, en 1848. Galicia contará con su primer tren en 1885, ¡37 años después! La primera empresa de producción y distribución de fluido eléctrico a los consumidores se creó en Barcelona, en 1881, se llamaba, y es significativo, Sociedad Española de Electricidad. La primera ciudad española con alumbrado eléctrico fue Gerona, en 1886. La teoría del agravio a Cataluña no se sostiene. De hecho, el resto de España todavía aportará algo más: mano de obra masiva y barata para atender a la única industria que existía, la catalana (salvo el oasis de Vizcaya).
En el siglo XX llegaran más ventajas competitivas para Cataluña. En 1943, Franco establece por decreto que solo Barcelona y Valencia podrán realizar ferias de muestras internacionales. Ese monopolio durará 36 años. Fue abolido en 1979 y solo entonces podrá crear Madrid su feria, la hoy triunfal Ifema. Catalanas son las primeras autopistas que se construyen en España (Galicia completó su conexión con la Meseta en el 2001 y la unión con Asturias se culminó hace dos semanas). La fábrica de Seat, la única marca de coches española, se lleva a Barcelona. Otro hito son los Juegos Olímpicos del 92, un plató de eco universal, conseguido, concebido y sufragado como proyecto de Estado (o acaso cree alguien que aquello se logró y se costeó solo por obra y gracia del Ayuntamiento de Barcelona y el gracejo de Maragall). En los años noventa se completará la entrega a empresas catalanas del sector estratégico de la energía, un opíparo negocio inscrito en un marco regulado. En 1994, el Gobierno de Felipe González vendió Enagás, monopolio de facto de la red de transporte de gas en España, a la gasera catalana, por un precio inferior en un 58% a su valor en libros. Repsol, nuestra única petrolera, también pasará a manos catalanas. Los modelos de financiación autonómica se harán siempre a petición y atención de Cataluña. También es privilegiada en las inversiones de Fomento y se le permite aprobar un estatuto anticonstitucional que establece algo tan insólito como que la instancia inferior, Cataluña, fije obligaciones de gasto a la superior, España. Todas las capitales catalanas están conectadas por AVE en la primera década del siglo XXI, mientras que la línea a Galicia todavía no tiene fecha cierta y los próceres de CiU presionan que no se construya.
Retroceso con la libertad
Cuando llegan las libertades económicas y se evaporan los aranceles y los monopolios, España logra crear, contra todo pronóstico, la mayor multinacional textil del planeta, Inditex. Resulta harto revelador que la compañía nazca en La Coruña, en el confín atlántico, y no en la comunidad que durante un siglo largo disfrutó del monopolio del algodón y el textil. Lo mismo sucede con las ferias de muestras de Barcelona y Madrid.
En realidad la libertad económica, unida al ensimismamiento nacionalista, sienta mal a Cataluña, acostumbrada a competir apoyada en la muleta del Estado intervencionista. Según la serie histórica de desarrollo regional de Julio Alcaide para BBVA, en 1930 la primera comunidad en PIB por habitante era el País Vasco y la segunda, Cataluña; Galicia se perdía en el puesto quince. En el año 2000 Baleares era la primera; Madrid, la segunda; Navarra, la tercera, Cataluña caía al cuarto lugar; y el País Vasco, al sexto; por su parte Galicia recortaba varios puestos.
Las sorpresas del siglo XXI
El corolario de esta historia es que hoy Galicia coloca sus bonos y presenta unas cuentas saneadas, mientras que Cataluña vuelve a estar sostenida por el Estado, pues su deuda padece la calificación de bono basura y se ha quedado fuera de mercado.
Galicia ha vadeado el sarampión nacionalista (Fraga fue un disperso presidente regional, pues su gobernanza era un atolondrado ir de aquí para allá sin proyectos claros, pero tuvo una idea genialoide: ocupó el espacio del nacionalismo, creando un galleguismo sentimental e intrusivo, pero imbricado en España).
Los gallegos saben que si un café vale 1,20 euros en Tui y 90 céntimos al otro lado del río, en Valença do Minho (Portugal) es porque formar parte de España reporta un mayor nivel de vida, y asumen que ese plus es lo que hace viable a Galicia.
Por el contrario Cataluña, desconcertada al verse obligada a competir en el mercado abierto, desangradas sus arcas por la entelequia identitaria, se deja embaucar por los cantos de sirena de la independencia, inculcada sin descanso por el aparato de poder nacionalista, con técnicas de propaganda de trazas goebbelianas.
España es una buena idea. La libertad, también. Y a veces, como ahora, libertad y España son sinónimos.

 

lunes, 29 de enero de 2018

A por el 119


Puesto que los científicos están buscando el elemento químico nº119 sería interesante saber contestar a esta pregunta: ¿Tiene límite la tabla periódica de los elementos?

Antes de comenzar la búsqueda del "119", es importante saber si hay un límite al número de protones que podemos empaquetar en un núcleo atómico. Recordad que el número "119" se llama número atómico y se representa con la letra "Z". Este número identifica el número de protones del átomo y por lo tanto el número de electrones que hay en un átomo neutro, por lo tanto sus propiedades químicas.

Al día de hoy, el elemento químico con el mayor número atómico (Z) que se ha sintetizado en laboratorio tiene Z=118. Si queremos saber si hay un límite, repasemos lo que los científicos saben del átomo.

El modelo atómico clásico que aprendimos en el "insti" fue el modelo de Bohr. Con este modelo podemos calcular fácilmente la velocidad con la que gira el electrón más próximo al núcleo atómico. Haciendo unos simples cálculos, un alumno de 2º de bachillerato obtendría que el único electrón que tiene el átomo de hidrógeno (Z=1) gira en su órbita a una velocidad de 1/137 de la velocidad de la luz(c).

Según aumentamos el número atómico 2, 3, 4, 5, ..., n, obtenemos que la velocidad de giro del electrón más cercano al núcleo va aumentando linealmente, es decir, 2/137c para Z=2, 3/137c para z=3,..., n/137c para Z=n.

Este hallazgo, obtenido con la teoría clásica, nos permite contestar que hay un límite y este límite  es Z=137. El motivo es que no se puede superar la velocidad de la luz. Un átomo con Z=138 no podría existir.

Este mismo límite se obtiene usando la ecuación de Dirac (mecánica cuántica relativista - un modelo más moderno) si el núcleo del átomo se supone puntual. Como el núcleo atómico, donde se empaquetan los protones y neutrones, no es puntual; el límite real es algo mayor que nuestro número mágico "137"

Finalmente podemos concluir que les queda mucho recorrido a estos científicos y muchos elementos por descubrir.


jueves, 11 de enero de 2018

La tierra se va al carajo.


Hay un proverbio  indio que me gusta particularmente y  dice:  
 "La Tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos.

Si en realidad es un préstamo, tendremos que devolver, con algún interés o como mucho igual que lo prestado, a no ser  que uno no quiera saber nada de deudas.

Indistintamente de la verdad, y jugando en el terreno de las probabilidades, jugar con  el futuro de la especie en el escenario de un 5% de ganar  y el 95% de perder,  escapa a cualquier decisión racional, pues para otras decisiones personales como pueda ser la salud, no jugaríamos. Aunque uno puede estar soltero, o no tener descendencia, le importe un comino o tenga intereses dinerarios.

Hemos visto recientemente  que ha habido  municipios que no disponían  de agua, son casos concretos, que alguien  en esa búsqueda de la verdad pudiera achacar a otras causas, pero como antes no pasaba y hay que abastecerle, la economía se ve alterada, pues fácilmente  podríamos ir  a un escenario de entorno climático duro, a una economía de guerra, y ya sabemos que cuando existe un conflicto, la economía funciona de otra forma.

Todos recordamos, que antes de conocer las causas de la aparición de los rayos, el personal ante su impacto y gravedad, buscaba refugio divino, y se congregaba  en las iglesias, como allí había siempre una  torre con campanario para difundir el sonido mejor, atraían los rayos y  las descargas y las  víctimas eran mayores. No fue hasta la aparición del pararrayos,  cuando se solucionó y se entendió el fenómeno. Aquí algo ayudaran ante el aumento de las tormentas, pero no es la solución el pararrayos.

El Papa, aunque sus decisiones sean infalibles en el terreno de la fe, y en esto del clima  pudiera estar  un poco pez, al estar en un puesto alto, a mí no me cabe  duda que sabe más que yo aunque tenga internet, y que alguno de nosotros, del cambio climáticos  y  sus consecuencias, pues tiene personal  en todo el mundo que observa cambios y le informa de lo que está pasando.

 El otro día en el programa de aerósfera, el sábado en la 2 a las 9,30,dijeron  que el suministro de agua para el consumo es prioritario sobre el regadío, pero si no se riega no se producen alimentos, (la parte de regadío es mucho menor pero produce el  70%) y si el agricultor como consecuencia de ello  deja el campo, a ver luego a quien se convence para que vuelva a cultivar.

En  escenario duros, posiblemente ya no bastaría con plantar arbolitos, ni ponerse  led o alimentar a los pajaritos porque ellos  sí que saben del cambio climático, igual hay que ir a lo gordo. Para ir a lo gordo, previamente tenemos que saber lo que es y entender lo que pudiera  pasar. 

Por eso apoyo la  idea  que en base a ese 95%, sería bueno conocer los cambios y los problemas que se  avecinarían, pues no es un apocalipsis lo que indican, sino fenómenos concretos, que nos pueden alterar todos los mecanismos que disponemos para hacer frente a fenómenos a la  organización del mundo.

Como estos cambios  en distintos campos, son muchos, la duda si bien sensata, debería dejar paso a la acción, si realmente  nos importara o quisiéramos hacer algo, debido simplemente a que no queda tiempo por la característica del fenómeno, una vez expandido el CO2, ¿a ver como lo embotellamos? Su desaparición  natural requiere varios siglos.

A nivel político independientemente de los signos (salvo algún exaltado) todos los países lo conocen, firmaron  el acuerdo de París. En la reciente cumbre de Bonn  han tomado medidas en el mundo financiero, de forma que un grupo de grandes  fondos de inversión ya no meterá el dinero en energías fósiles, y penalizarán esas inversiones, y el dinero no suele ser tonto, quizás sus motivos sean otros, y saben que el precio  de las renovables, ya es competitivamente mejor. Por otra parte hay  estudios que dicen que la acción resulta un  10% de lo que nos costaría la inacción, estamos pagando riadas, sequías, alteraciones en la costa, etc, etc. que salen del presupuesto común  y pudiera ser que si se hacen prioritarios no haya luego para las pensiones, y le echemos la culpa a la esperanza.