miércoles, 20 de febrero de 2019

Elecciones Generales.


Antes de las elecciones generales ya sabemos dos cosas. Una que Sánchez (PSOE), si puede y tiene posibilidades de formar gobierno, volverá a negociar con todos los nacionalistas y separatistas que quieren romper España. La otra que Ciudadanos no pactara con el PSOE de Sánchez. Por tanto, si nadie gana por mayoría, como es lo más probable, empezara el mercadeo de los votos de los ciudadanos en uno o en otro sentido, o la repetición de las elecciones. Luego, a quien votamos, si de antemano sabemos que en ningún caso se respetara la voluntad de los ciudadanos, nuestro mandato, sino lo que acuerde los partidos políticos entre ellos.
No sería más democrático, menos conflictivo y se respetaría más la voluntad de los votantes, del pueblo, si se cambiara de una vez por todas el sistema electoral para poder elegir al jefe del ejecutivo directamente por los ciudadanos, en distrito único para toda España, a una o dos vueltas dependiendo de si sale mayoría en la primera o no, y luego que este (el elegido) formara su gobierno. ¿No nos ahorraríamos problemas con los nacionalistas independentistas al no depender en absoluto de ellos para formar gobierno?
Por otra parte, no sería más democrático, más justo y más representativo, que una vez elegido presidente del gobierno, se eligiera a los representantes del pueblo, a los diputados, a los que legislan, en distritos unipersonales (un candidato elegido por mayoría absoluta también en una o dos vueltas) de aproximadamente 100,000 habitantes. Y no en listas hechas por los jerarcas de los partidos para ser elegidos según el método proporcional de un distrito por provincia (como se hace actualmente)
La separación de poderes es uno de los requisitos fundamentales de cualquier democracia autentica. Con la ley electoral que tenemos, donde se elige al mismo tiempo y con el mismo voto al ejecutivo y al legislativo, está claro que no tenemos separación de poderes y por tanto no tenemos democracia, sino otra cosa llamada “dictadura de partidos”. Mientras que la mayoría del pueblo no entienda esto, seguiremos dando tumbos, de mal en peor, a voluntad de lo que quieran hacer con nosotros los jerarcas de los partidos políticos. Que por desgracia nunca será cosa buena para el conjunto de la sociedad, ni para la Nación y con muchas posibilidades tampoco para el Estado.