martes, 27 de octubre de 2020

Yuval Noah Harari "El covid puede originar el peor sistema totalitario que haya existido".



Algunas de las cosas que dice Yuval Noah Harari en este artículo.

Harari habla sobre todo de sus miedos acerca de cómo la tecnología puede interactuar con nuestra democracia, cómo la pandemia puede aumentar la vigilancia a la que estamos sometidos y cómo la sensación de libre albedrío nos tiende trampas.

Por lo que respecta al virus, la posición de la humanidad nunca ha sido más fuerte.

El gran problema no es el virus, el gran problema son los demonios interiores de la humanidad. Tenemos el conocimiento científico para solucionar esta crisis, pero no la sabiduría política para hacerlo.

Cuando crees en el libre albedrío, asumes que cualquier cosa que decides es tu libre albedrío. Que no hay nada que investigar ahí. Pero en realidad, a medida que la ciencia y la tecnología se han vuelto más sofisticadas, entendemos cada vez mejor los mecanismos biológicos, sociales y culturales que hay detrás de nuestras decisiones. Y también se está volviendo más fácil que nunca manipular las decisiones de los humanos. La gente más fácil de manipular es la que cree en el libre albedrío, porque ni siquiera sospecha que puede ser manipulada.

Con la epidemia, la excusa es la necesidad de interrumpir el contagio. Pero, si no vamos con cuidado, esto puede ser el origen del peor sistema totalitario que haya existido jamás. Nuestra libertad está seriamente amenazada.

Tenemos que utilizar la vigilancia para luchar contra la epidemia. Pero todos los datos que se recolectan deberían estar en manos de autoridades sanitarias especiales y no de la policía o de las grandes corporaciones.

La polarización que vemos en muchos países es una estrategia política deliberada de ciertos partidos y políticos basada en una idea muy vieja: divide y vencerás. La creación de facciones en la sociedad que tienen miedo de otros grupos dentro del mismo país, o que los odian, hace que muchos piensen que nunca votarían a otro líder que no sea el que ven como salvador y protector.

 

lunes, 26 de octubre de 2020

% de IVA en mascarillas.


Desde el principio me pregunté, ¿cómo es posible que un producto que nos dicen (y lo es) que es vital para evitar el contagio esté grabado con el 21%?, es una contradicción extrema si entramos en comparativas de algunos productos que están gravados al 4%, IVA superreducido, bueno, la Ministra de Hacienda María Jesús Montero nos aclaró que era una directiva europea, una persona que es de suponer que es una autoridad en el tema, no es precisamente el Ministro de Universidades, el Sr. Manuel Castells, que ni está ni se le espera, desaparecido en un ministerio que apenas tiene competencias, no, es la locuaz y desenfadada Sra. Montero que es como el perejil, está en todas las salsas, una autoridad en el tema, vamos.

El hecho es que diversos países europeos tienen diversos IVA's para las mascarillas y demás productos anti-COVID, de ser así, ¿que nos están contando?, ¿quién nos dirige a estos efectos (y otros)?, ¿porqué nos mienten sin necesidad y con ella?, ¿cuántas falsedades puede digerir la ciudadanía en general?    A esto último, mucho me temo que por dejación y/o indiferencia podemos llegar a grandes cotas.

https://okdiario.com/economia/montero-miente-sobre-iva-mascarillas-europa-no-prohibe-bajar-impuesto-6300682

https://www.abc.es/sociedad/abci-gobierno-graba-mascarilla-mas-alto-202010171816_noticia.html

Para que no falte la exigible pluralidad de percepciones, artículo de Newtral, que retorciendo endiabladamente sobre los dimes y diretes de si se puede o no modificar el IVA de las mascarillas, acaba reconociendo lo que es un realidad incuestionable, el IVA es distinto según el país.

https://www.newtral.es/iva-mascarillas-reducir-europa/20200926/

Y como una imagen vale más que mil palabras:

https://www.20minutos.es/noticia/4421971/0/espana-situa-paises-iva-sobre-mascarillas-mas-alto-europa-con-21/

En definitiva, somos también en esto, los adalides de la mentira (por acción u omisión) y una vez más, cuando se rebaje el IVA (ocurrirá sin duda), de los últimos en llegar a la meta.

 

 

 

viernes, 23 de octubre de 2020

¿Sin vuelta atrás?


ABC PREMIUM

El refrendo y el respeto

La segunda ola desborda al SEPE

La agenda de un Gobierno sectario

La semana pasada se produjeron dos hechos que, aunque sean independientes, se comprenden mejor juntos que tomados uno a uno. El miércoles 7, Pedro Sánchez presentó su Plan de Recuperación a los empresarios del IBEX y a los embajadores de la UE. El Plan no había por donde cogerlo, y para colmo el presidente hizo esperar cincuenta minutos a sus invitados. Esto es raro. Dejémoslo así. Más sorprendente todavía: Sánchez, asesorado con seguridad por Iván Redondo, tuvo la ocurrencia de adornar su alocución con el «Himno a la alegría» de Beethoven. No es difícil imaginar el contenido de los despachos que los 27 embajadores han enviado a sus respectivas cancillerías.

Segunda vuelta. El «Neue Zürcher Zeitung», un diario suizo

 reconocido como gran autoridad mundial en relaciones internacionales, publicaba el 9 de octubre un artículo titulado «¿Es España un estado fallido?». Les hago un resumen somero, no sin advertirles antes que el abajo firmante, el economista Friedrich L. Sell, acumula sobre nosotros una información mucho más rica y exacta de la habitual en el «Financial Times» o el «New York Times». Tras pasar revista a los distintos incendios políticos y de todo orden que mantienen a España en estado de combustión, Sell recomendaba que el FMI o el Banco Mundial hicieran un estudio serio de nuestra situación general, precisando qué ayudas habría que presupuestar en cada caso concreto. Esas ayudas deberían ser finalistas: pero además, y el artículo es en esto transparente, resultaría absolutamente necesario someter su ejecución a un seguimiento externo y estricto. Esto suena a una intervención. Solo en esas condiciones procedería (solo entonces sería «responsable», en palabras del autor), que la UE liberase sus fondos. El texto concluía con una cortesía envenenada (España no es «todavía» un estado fallido, aunque le falta poco para serlo), y una apelación a Europa, no lo bastante atenta, según parece, a lo que ocurre al sur de los Pirineos. Textualmente: «Es hora de que Europa despierte».

Que Sell sea alemán no es un detalle para tomarlo a humo de pajas. En primer lugar, Alemania es el poder decisivo en la Unión. Pero hay más. Angela Merkel está en una relación difícil con su Tribunal Constitucional, el cual ha denunciado las larguezas del Banco Central Europeo. La opinión alemana, muy reticente desde hace tiempo en lo tocante a la UE, recibe un día sí y otro también malas noticias sobre los españoles. La pésima gestión de la pandemia ha sido, sigue siendo, piedra de escándalo. El ataque a la independencia de los jueces se verificó antes de que Sell pudiera incluirla en su requisitoria, pero no contribuirá a mejorar nuestra imagen. Reparen en el aviso de la Comisión Europea. El horno, en fin, no está para bollos, y esto se va a notar tarde o temprano. Hablo de los fondos europeos, claro.

Situémonos en la perspectiva de Merkel. O nos deja caer, o acude en nuestra ayuda. Lo primero no es posible sin que se desintegre la Unión. Y lo segundo la colocaría en una posición delicadísima a menos que se obtengan garantías, como pide Sell, de que la administración del dinero reposará en manos más competentes que las españolas. En esa hipótesis, a saber, la de un rescate, o como prefiramos llamar a la cosa, entraríamos en una fase de transición, con un gobierno políticamente desactivado y un futuro enormemente abierto. Esto es muy complicado, dada nuestra crisis constitucional y territorial, y explica, imagino, las vacilaciones europeas. Pero estamos marcados. Tarde o temprano, y no hablo de mucho tiempo, se nos va a interpelar seriamente. Pendemos de un hilo.

¿Qué hace el gobierno mientras tanto? Más disparates, y más gordos cada vez, según la lógica suicida que impulsa a superar un error mediante otro aún mayor. A cada día que pasa, Sánchez tiene más difícil la vuelta atrás. Lo constato sin la menor alegría.