martes, 10 de febrero de 2026

¿Estamos todos geolocalizados?


Cuando hoy pedimos al móvil que nos lleve a nuestro destino, una voz serena nos guía: “Gire a la derecha... ha llegado a su destino”. Detrás de esa precisión hay una historia asombrosa que conecta las ideas de Einstein con el talento de una matemática afroamericana llamada Gladys Mae West, recientemente fallecida el pasado 17 de enero a los 95 años.

La historia comienza a principios del siglo XX cuando dos avances en la física, la relatividad y la física cuántica, transforman el mundo, abriendo la puerta a innovaciones antes inimaginables. Desde la electrónica moderna hasta las computadoras, los teléfonos inteligentes, internet o las imágenes cerebrales. La vida cotidiana en el siglo XXI sería irreconocible sin estos dos descubrimientos.

Sin darnos cuenta, la constelación de satélites GPS nos tiene localizados al llevar encima nuestro teléfono inteligente del que nunca nos desprendemos. Esta falta de intimidad o, dicho de otra manera, este logro, no habría sido posible sin las ideas aportadas por Albert Einstein en sus teorías de la relatividad (especial y general) y del trabajo pionero de Gladys West, la matemática afroamericana cuya brillantez fue clave en la creación de esta revolucionaria tecnología.

El GPS clásico utiliza 31 satélites que orbitan la Tierra a unos 21.180 kilómetros de altura, registrando con precisión su posición y el paso del tiempo mediante relojes atómicos. Estos satélites transmiten continuamente señales de radio que, al ser recibidas desde al menos cuatro de ellos simultáneamente, permiten, por triangulación, calcular la ubicación exacta de nuestro receptor en tres dimensiones.

Para que ese cálculo funcione con tanta precisión, deben considerarse tres efectos físicos fundamentales:

        Relatividad especial: el tiempo medido o tiempo propio por un satélite en movimiento transcurre más lentamente respecto al tiempo propio de un observador en la superficie terrestre.

      Relatividad general: el campo gravitacional de la Tierra hace que el tiempo fluya más despacio en la superficie que en el espacio, donde la gravedad es menor.

     Por último, la gravedad terrestre es variable: la aceleración gravitatoria no es constante; cambia según la altitud, la latitud y la topografía y la conformación del terreno.

Ignorar estas correcciones provocaría errores de localización de hasta centenares de metros en pocos segundos, haciendo que el GPS sea completamente inútil.

Comprender la geodesia terrestre es fundamental, ya que la Tierra no es una esfera perfecta: está achatada en los polos, abultada en el ecuador, tiene montañas, valles, océanos, …; por lo que su gravedad varía entre 9,764 m/s² y 9,834 m/s².

Y aquí entra en escena Gladys West. Matemática y especialista en computación fue la directora del proyecto Seasat (1978), el primer satélite dedicado a estudiar la superficie terrestre mediante el uso del radar. Pero su contribución más decisiva llegó en los años 80, cuando desarrolló el primer modelo matemático preciso del geoide terrestre: una representación tan exacta de la forma de la Tierra que hizo posible el GPS moderno. En 1986 publicó una guía técnica sobre el tratamiento de los datos del satélite Geosat, fundamento de la geodesia satelital contemporánea.

 Tras 42 años de carrera, Gladys West se retiró en 1998. Dos décadas más tarde, en 2018 fue incluida en el Salón de la Fama de los Pioneros del Espacio y los Misiles de la Fuerza Aérea de EE.UU. Ese mismo año la BBC la incluyó entre las 100 Mujeres más influyentes del mundo. En 2021, West se convirtió en la primera mujer en recibir la Medalla Príncipe Felipe (Prince Philip Medal) de la Real Academia de Ingeniería del Reino Unido, un premio que reconoce "contribuciones excepcionales a la ingeniería a través del trabajo en un campo particular".

Así que la próxima vez que sigas una ruta en tu teléfono o navegues hacia tu destino, recuerda que detrás de tanta precisión hay una historia de la ciencia, perseverancia y genialidad; una mujer, Gladys West, unió la visión de Einstein con la geodesia, ayudándonos a entender por qué estamos siempre geolocalizados al llevar encima nuestro móvil.