Ecuación de Drake: La ecuación de Drake es una ecuación para
estimar la cantidad de civilizaciones en nuestra galaxia, la Vía Láctea,
susceptibles de poseer emisiones de radio detectables. Fue concebida en 1961
por el radioastrónomo Frank Drake (1930-2022), presidente del instituto SETI,
mientras trabajaba en el Observatorio Nacional de Radioastronomía en Green Bank
en el estado de Virginia Occidental en EE.UU.
La ecuación de Drake identifica
los factores específicos que, se cree, tienen un papel importante en el
desarrollo de las civilizaciones. Aunque en la actualidad no hay datos
suficientes para resolver la ecuación, la comunidad científica ha aceptado su relevancia
como primera aproximación teórica al problema, y varios científicos la han
utilizado como herramienta para plantear distintas hipótesis.
Nuestro Sol es solo una estrella
solitaria en la abundancia de 7×1022 estrellas en el universo observable.[1]La Vía Láctea es
solo una de entre las 2 000 000 000 000 [dos billones] de galaxias del universo
observable.
Como todos sabemos, hay una
escalada bélica entre Estados Unidos e Israel por un lado e Irán por otro. Ha
salido un estudio sobre la famosa ecuación de Drake (la que estima cuántas
civilizaciones tecnológicas puede haber en la Galaxia) que da un poco que
pensar.
¿Puede el término final de la
ecuación de Drake predecir la desaparición de la humanidad?
Los autores del artículo al que
hace referencia el link anterior, concluyen que, si la vida inteligente fuera
relativamente común, entonces las civilizaciones que llegan a nuestro nivel
tecnológico suelen durar muy poco tiempo emitiendo señales antes de apagarse,
del orden de unos cinco mil años. No porque venga un meteorito cada vez, sino
porque suelen sucumbir a sus propios riesgos: guerras, destrucción de su
entorno, accidentes y crisis que se les van de las manos.
Si miramos el momento actual, con
una guerra abierta contra Irán, amenazas cruzadas y armas cada vez más precisas
y destructivas, el artículo no habla de ciencia ficción, sino de nuestra
realidad estratégica. Europa y el resto del mundo no somos espectadores
neutrales: formamos parte de alianzas militares, dependemos de la estabilidad
energética (estrecho de Ormuz) y
económica global, y cualquier error de cálculo puede arrastrarnos a
consecuencias que no podemos controlar.
El mensaje que nos deja este
estudio, aplicado a la actualidad, es sencillo: o aprendemos a contener la
escalada y a gestionar el poder tecnológico con responsabilidad, o corremos el
riesgo de engrosar la estadística de civilizaciones que se autodestruyen antes
de madurar. Que la nuestra dure o no más que esos 5000 años depende, en buena
medida, de las decisiones que tomemos hoy.







