Era a principios de los 80, yo no tenía más allá de 25 años,
Edificio Estel, Barcelona, me encontraba
laborando como otro día cualquiera, cuando de pronto entró un compañero con el
que no tenía ninguna relación pero que conocía de vista y detrás de él dos
señores con bata blanca (literal) que lo seguían, los tres se pararon a cuatro
o cinco mesas de la mía.
Pudo oír la conversación en la cual lo conminaban a ir con
ellos, el compañero se defendía como gato panza arriba, ellos seguían con voz
entre amable y firme, no sabría con cual quedarme, hasta que en un momento
determinado el compañero pronunció la frase en voz algo más que alta:
"No me encuentro en condiciones higiénicas"
Visto el panorama, un escalofrío me recorrió el cuerpo,
estaba claro a mis juveniles ojos que se trataba de dos integrantes de algún
organismo de psiquiatría, que efectivamente lo agarraron por debajo de las
axilas y con mayor o menor fuerza se lo llevaron fuera del edificio.
Nunca más volví a ver a aquel compañero, más o menos de unos
60 años, que investigando posteriormente oí el rumor de que había pretendido
abusar de una compañera cuando ambos utilizaban el ascensor.
Estuve un tiempo consternado, tratando de comprender que
quiso decir aquel compañero, que sabía dónde iba y no se había duchado, que no
disponía de su cepillo de dientes, que no le apetecía en absoluto acompañarlos,
toda y alguna mas a la vez.
Pero decidí quedarme la frase, y después de muchos años
cuando alguien en la vida cotidiana, frecuentemente mi mujer, me abruma con,
tienes que arreglar tal o cual cosa, tienes que hacer el encargo de, etc., si
como digo me abruma, procuro poner un rictus serio, una voz convincente y le
espeto "no me encuentro en condiciones higiénicas".
Suele dar resultado, y puedo proseguir con lo mío, dándole
al teclado del ordenador, iniciando un paseo de inspección por los alrededores,
o con lo que esté enfrascado en ese momento.