jueves, 15 de octubre de 2020

Sánchez entroniza a Ayuso.



El golpe del Gobierno en Madrid destapa otra farsa del presidente, su cuento de la España federal.

Desde que España recuperó la democracia hemos vivido tres ejemplos canónicos de golpismo: un grupo de nostálgicos de la dictadura tomando el Congreso con pistola, una banda terrorista disparando por la nuca para reclamar la independencia de una parte del territorio y un tropel de separatistas atacando al Estado con una declaración de independencia en un parlamento regional. Las subversiones siempre se hacen, por antonomasia, de abajo a arriba porque consisten en anular por la fuerza a quien esté mandando. Pero ayer asistimos a un golpe al poder desde arriba hacia abajo. Gracias a la innovación de Pedro Sánchez, los historiadores tendrán que escribir ensayos en el futuro sobre esta nueva versión del autogolpismo, que consiste en fagocitar cualquier órgano.

 de poder inferior al que ostente el sublevado. Porque la declaración del estado de alarma en Madrid no tiene ninguna explicación técnica si no se aplica también en Navarra, Aragón, La Rioja o cualquier otra comunidad autónoma española con una tasa de contagios similar a la gobernada por la diabólica Isabel Díaz Ayuso. Es una medida estrictamente política y, por ende, arbitraria. Un ataque desde el Gobierno central a la libertad de un territorio que ha cometido la tropelía de votar a otro partido. No hay más. Sánchez tiene competencias para tomar el mando único en cualquier comunidad, pero si lo hace con criterios veleidosos y arteros y por intereses estrictamente particulares, viola el sistema. El problema es que su obsesión con Ayuso, a la que patea como a un muñeco de feria, le ha llevado a cometer un error impropio de alguien tan gélido. El presidente es un esquimal político. Actúa siempre a su capricho, aunque eso le obligue a defender una cosa y la contraria, con frialdad mayestática. Hasta ahora nunca lo habíamos visto encenderse. Todo lo tenía calculado en el laboratorio glacial en el que su «batablanca» Iván Redondo juega al «Quimicefa» con España. Pero Díaz Ayuso ha conseguido arrancarle la mascarilla. Sánchez enseñó ayer su verdadero rostro atrabiliario y cayó en el desatino de todos los déspotas del mundo: gobernar con el duodeno. Si mañana hubiese elecciones en Madrid, el PP arrasaría.

La presidenta de la Comunidad puede haber cometido errores, torpezas o negligencias, pero no muchas más que Chivite en Navarra o Lambán en Aragón, por no hablar de la afrenta catalana, en la que el Gobierno nunca ha intervenido alegando su vocación federalista. ¿Ahora no vale la idea de la plurinacionalidad y la descentralización? ¿Tiene Sánchez alguna convicción o sólo tiene intereses? Por eso Ayuso, más allá de que Ciudadanos pueda acabar haciéndole la cama, sale reforzada de este ataque y siempre podrá presumir de haber destapado la condición nepotista de Pedro Sánchez ante todos los españoles. Lo que la presidenta de los madrileños ha aflorado aguantando esta humillación es la esencia del sanchismo, un concepto político basado en la soberbia. El estado de alarma en Madrid revela las ínfulas autoritarias de Pedro Sánchez y sus aliados populistas, que hasta el momento habían sabido enervar el papel del Rey o la independencia de la Justicia con discursos ambiguos o maleables, pero que ayer quedaron atrapados en el cepo de los basiliscos. Esta sinécdoque política en la que el todo se apropia de la parte y ordena las mismas restricciones que horas antes había rechazado un juez tendrá un final dulce. Hoy todos sabemos, incluso la ministra Celáa, que fue pillada saltándose sus propias normas, que Pedro Sánchez pasa de nosotros. Pero el expolio a golpes del poder regional desde el nacional es como una picadura de abeja. Hace más daño a quien pica que a quien se duele.

 

miércoles, 14 de octubre de 2020

Lo Cosa Nostra del PSOE


Estamos asistiendo a comportamientos semimafiosos (y digo “semi” por pura prudencia solamente) por parte de.....bueno, está feo señalar.

Deleznable. Hemos conocido estos días que un magistrado que ejerce sus funciones en la Audiencia Nacional ha sido objeto de amenazas de muerte a través de las redes sociales Celso Rodríguez Padrón, Juez Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

Algunas veces no resulta fácil encontrar la palabra adecuada que defina una actitud, una conducta, una acción. La riqueza del lenguaje no alcanza a catalogar la variedad de dimensiones y matices que puede llegar a tener la proyección del ser humano. No nos queda entonces otro recurso que acudir a las connotaciones. Y a veces, éstas asustan.

Nuestro Estado de Derecho dispone de mecanismos suficientes para estudiar, ya en el ámbito gubernativo o bien en el campo penal, el alcance de tales conductas. Es en otros ámbitos donde creo que merece centrarse la reflexión que provoca tan cobarde expresión de mezquindad.

Debería ser sabido que no hay Estado de Derecho sin un Poder Judicial, ya no solo independiente, sino que además tenga el respeto de la sociedad a la que sirve. La primera condición se cumple sin atisbo de duda en el Poder Judicial español. Los Jueces actúan sometidos solamente a las leyes, sin aceptar injerencias de quienes a través de cualquier cauce de presión intenten orientar el sentido de sus decisiones o quebrantar el principio de igualdad que proclama la Constitución. Así administran Justicia en nombre de S.M. El Rey; conviene también en estos tiempos recordarlo. Pero no solo reside en estas propiedades «internas» la fortaleza de un sistema judicial. Es preciso que, tanto los ciudadanos como las instituciones, respeten las resoluciones judiciales y las cumplan (art. 118 CE), lo que comporta no solo eludir sino también combatir cualquier campaña de desprestigio que se orqueste contra quienes en un esquema democrático tienen la misión de tutelar en último término los derechos e intereses legítimos de todos los ciudadanos. Esta obligación compromete sin duda también a los Poderes Públicos.

Sea cual sea la intensidad de una estrategia de desgaste, a esa sociedad a la que nos debemos y servimos, le recordamos el compromiso que adquirimos cuando juramos o prometimos nuestro cargo: administrar recta e imparcial Justicia frente a todos.

 

martes, 13 de octubre de 2020

Estado de alarma en Madrid.


Traición, chantaje y sin diálogo: así impuso Sánchez a Ayuso el estado de alarma.

Sánchez desoyó los intentos de diálogo con Ayuso, pese a la mejoría epidemiológica, Almeida critica que haya «triunfado la imposición y la fijación del Gobierno con la Comunidad de Madrid».

El estado de alarma de Sánchez «resucita» las cacerolas de Núñez de Balboa (Madrid).

La propuesta definitiva de Ayuso: confinar solo por zonas pero con criterios más duros

Diez de la noche del jueves. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, se encuentra en las votaciones finales del pleno en la Asamblea de Madrid cuando su equipo la avisa de que en su secretaría ha recibido una llamada de Pedro Sánchez. Quince minutos después, se la devuelve: «Tienes que poner en marcha una orden que recupere todas las medidas que han derribado los tribunales. Si no, la alternativa es el estado de alarma», es la orden, más que el mensaje, del líder socialista. La mandataria popular intercede: «presidente, necesito tiempo para verlo con mi equipo mañana por la mañana. Mis técnicos están viendo una propuesta con aval jurídico». Pero Sánchez ya está decidido en lo que en Sol consideran un «chantaje a todas luces»

 a la Comunidad de Madrid. Y que Ayuso, anuncia, recurrirá «día a día»: la eliminación del estado de alarma.

Hasta las 3 de la madrugada del viernes estuvo el equipo de Sanidad, con su titular, Enrique Ruiz Escudero; los viceconsejeros, Antonio Zapatero y Juan González Armengol, y la directora de Salud Pública, Elena Andradas, elaborando el borrador de la orden que presentó el primero ayer a mediodía: volver a las restricciones de movilidad solo en las zonas básicas de salud (los barrios correspondientes a los ambulatorios con más contagios), bajando la incidencia mínima acumulada en los últimos 14 días a 750 por 100.000 habitantes, frente al millar hasta entonces estipulado. Salían 51 áreas afectadas en toda la región.

Ayer por la mañana, antes de las 8, Ayuso ya estaba en su despacho. Llamó a reunión a su vicepresidente, Ignacio Aguado; a los consejeros de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, y de Justicia e Interior, Enrique López; y al alcalde y la vicealcaldesa de la capital, José Luis Martínez-Almeida y Begoña Villacís. «Nuestra responsabilidad ahora es muy importante. Hablamos de la vida de más de seis millones de personas», les dijo. El debate en su despacho fue intenso, con disparidad de criterios. Sobre todo, por parte de Aguado, que una vez más quiso salirse del criterio de su propio Gobierno y optaba por ceder en cierto modo y que fuera la comunidad la que decidiera el cierre perimetral del Madrid. Ayuso insistió en que prevaleciera el argumento técnico y sanitario sobre el político: con las medidas impuestas por Sol en septiembre, la presión hospitalaria y los contagios estaban mejorando.

Y llegaron las 12.25 de ayer cuando se produjo la llamada a Pedro Sánchez. Ayuso le explicó: «Tenemos un plan que está funcionando, avalado por los tribunales, que va aplanando la curva, es quirúrgico contra el virus y no arruina la economía. Quiero ofrecerte diálogo, esta propuesta está muy trabajada y te propongo que la trabajemos juntos», fue el mensaje de fondo que le trasladó.

Evitar el caos económico.

Pero cuál fue la sorpresa que, mientras la charla se producía, se filtró el anuncio del estado de alarma. «Se negó a que se sentaran ambos equipos», explicaban ayer a ABC fuentes conocedoras del encuentro telefónico, que se sorprenden, además, de que el mismo jueves por la tarde Fernando Simón felicitara a Madrid por la línea de trabajo que estaba siguiendo. La orden preparada por la comunidad, inciden las fuentes consultadas, «además evitaba el desastre económico de la región».

«La actitud del Gobierno central ha sido de chantaje total, con unos tics autoritarios que demuestran cómo no ha tenido coherencia a la hora de defender el consenso y la ayuda que prometió en la reunión de Sánchez y Ayuso en Sol. Es más, el 23 de septiembre, Salvador Illa dijo que no hacía falta confinar Madrid», se quejan en el PP. «Han provocado un caos donde no lo había», remachan. El propio Martínez-Almeida calificaba ayer de «un 155 sanitario» la decisión del Gobierno central sobre Madrid.