La nueva variante ha llamado la atención sobre el papel
potencial en la covid-19 de las personas con sistemas inmunológicos
debilitados, como pacientes con cáncer activo, trasplantados, con enfermedades
autoinmunes o en tratamiento con inmunosupresores y otras patologías crónicas
Es evidente que, con un sistema inmunológico debilitado, somos
más propensos a desarrollar cualquier tipo de enfermedad infecciosa (provocada
por virus, bacterias, parásitos, etc.), pues nuestro organismo se encuentra
disminuido en sus defensas naturales.
Por otra parte sabemos que para mantener una buena salud y por
tanto un sistema inmune fuerte y eficaz, tenemos que estar bien nutridos (que
no es lo mismo que alimentados), limpios (no solo por fuera, también por
dentro), realizar todos los días cierta actividad física y mental, además de
ser respetuosos con las leyes (físicas, mentales y espirituales), es evidente
que gozaremos de una buena salud y por su puesto de un sistema inmunológico
fuerte y eficaz para defendernos de cualquier tipo de infección.
El sistema inmune se debilita entre otras cosas, más que por
la edad, por una alimentación errónea y por la suciedad que vamos acumulando a lo
largo de los años en nuestro organismo (toxinas, bacterias, parásitos, piedras
de grasa en el hígado y la vesícula, suciedad y piedras calcificadas de
minerales en los riñones). Seguir considerando que la alimentación es
secundaria a la hora de realizar el tratamiento de cualquier enfermedad, es
negar una evidencia que cae por su propio peso. Por eso es de vital importancia
hacer hincapié en una alimentación basada principalmente en frutas frescas,
frutos secos, verduras de todo tipo, legumbres y granos, evitar al máximo
alimentos procesados, carnes rojas, pescados sobre todo los de piscifactoría,
lácteos, frituras y harinas refinadas y azucaradas. Estos alimentos los
deberíamos evitar porque entre otras cosas generan digestiones lentas y
pesadas, forman mucosidades y residuos tóxicos que se pegan en las paredes de
los intestinos impidiendo o dificultando la absorción de nutrientes que pueden
ser esenciales para algún órgano de nuestro cuerpo, dando lugar a carencias
severas que podrían ser la causa de muchas patologías de las que padecemos.
De igual forma es necesario limpiar de vez en cuando algunas
partes esenciales de nuestro organismo, empezando por los intestinos con la
llamada hidroterapia de colon, consistente en irrigaciones de agua filtrada y
purificada, o con enemas igualmente de agua filtrada y purificada que todos lo
podemos hacer con el fin de limpiar el intestino grueso, cloaca de nuestro
organismo. También es necesario hacerse limpiezas de hígado y vesícula biliar
para expulsar suciedad y piedras formadas y acumuladas en estos órganos,
esenciales para la digestión y formación de la sangre.
Para los que quieran profundizar en la limpieza del hígado y
la vesícula biliar, así como la limpieza del intestino grueso, todo está
indicado perfectamente en el libro “Limpieza hepática y de la vesícula” de
Andreas Moritz y también pulsando aquí. Hay otros métodos más suaves para
limpiar el hígado y la vesícula, aunque menos eficaces, como es el de una
cucharada sopera de aceite de oliva con medio limón por las mañanas en ayunas
durante un mes.