jueves, 5 de marzo de 2020

Jarabe democrático.


El Vicepresidente del Gobierno ha sido increpado por un grupo de estudiantes cuando se disponía a participar en una conferencia de la Universidad Complutense de Madrid, algo así como ... "fuera vende obreros de la Universidad" ... parece que los alborotadores son miembros de un llamado "Frente Obrero".

Nunca me pareció admisible el empleo del griterío, de la coacción, e incluso de la fuerza, para impedir que alguien pueda desarrollar su actividad, y tampoco en este caso, en ninguno, pero eso sí, estoy seguro que el  Sr. Pablo Iglesias debe estar muy agradecido y nada contrariado, porque sin duda se trata tal como el calificó en su momento de una cucharada de ... ... jarabe democrático.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Coronavirus.


Le doy vueltas y vueltas a esta cuestión, oigo y veo lo que publican los medios, escritos y tv, oigo y veo las declaraciones del representante de la OMS (Organización Mundial de la Salud), sigo dándole vueltas y más vueltas, y no me "cuaja", me preocupa lo ya acontecido, me preocupa por todo el mundo, me preocupa por las personas que quiero, me preocupa por mí mismo (algo menos), sigo dándole vueltas y algo hay que sigue sin "cuadrarme".

¿Qué está pasando que periódicamente salta una preocupación sanitaria mundial?, no es necesario relatarlas, pero viene ocurriendo, ha caído un artículo en mis manos que a continuación transcribo, no es científico, no, no es literariamente ninguna joya, no, pero no es pretenciosamente ni tranquilizador ni alarmista, es sencillamente una opinión que se basa principalmente en establecer una comparativa entre hechos irrefutables y la atención que merecen, lo comparto en una buena parte:

El coronavirus y la sociedad de la mentira global.

Durante el año pasado se registraron en España 277.000 casos de cáncer.    La mitad de los enfermos morirán en un plazo inferior a cinco años, sufriendo durante el resto de su vida un calvario indecible de idas y venidas al hospital, de quimio y radioterapia, de dolor y sufrimiento y de miedo indescriptible.    En una sociedad avanzada y civilizada, las investigaciones para curar o paliar el cáncer, las enfermedades cardíacas y las degenerativas deberían ocupar un lugar preeminente, dedicándoles todos los medios económicos posibles.    Del mismo modo, en un mundo civilizado y justo, la Organización Mundial de la Salud, en vez de callar, debería denunciar los precios altísimos de los tratamientos para esas enfermedades que están arruinando a los sistemas estatales de salud, declarar la libertad de todos los países copiar cualquier medicamento que sirva para mejorar la vida de los enfermos y condenar el reparto mafioso y monopolístico de los nuevos tratamientos por parte de los grandes laboratorios.    No lo hace, mira para otro lado, y la curación de esas enfermedades que tanto dolor causan a tantísima gente se pospone hasta que la mafia quiera. 

El año pasado murieron en España por accidente laboral casi setecientas personas, resultando heridos de gravedad o enfermos debido al trabajo varios miles de personas.    Las causas están claras, precariedad laboral, jornadas interminables, destajo, escasas medidas de seguridad y explotación.    Ningún organismo estatal ni mundial alerta sobre el deterioro de las condiciones de trabajo ni esas víctimas, que podrían haberse evitado con muy poca inversión, abren los telediarios ni ocupan más de su tiempo.

En 2019, seis mil españoles murieron de gripe, una enfermedad tan común como el sarampión que  mata todos los años a miles de personas en África sin que la OMS exija a los Estados miembros que aporten las vacunas necesarias -que valen cuatro perras- para evitar ese genocidio silencioso.    Al fin y al cabo, la mayoría son negros.

En 2018, más de cuarenta mil personas murieron en España por la contaminación ambiental, siendo directamente atribuibles a esa misma causa el fallecimiento de ochocientas mil personas en la Unión Europea y casi nueve millones en el mundo, aparte de los millones y millones que padecen enfermedades crónicas que disminuyen drásticamente su calidad de vida.

En 2017 más de seis millones de niños murieron de puta hambre en el mundo mientras en los países occidentales se tiran a la basura toneladas y toneladas de alimentos. Ese mismo año, más de dos mil millones de personas trabajaron jornadas superiores a 15 horas por menos de 10 euros al día. Ningún informativo, ningún periódico, ninguna radio lleva días y días insistiendo machaconamente en esa tragedia que martiriza a diario a media humanidad y amenaza con llevarnos a todos a condiciones de vida insufribles.

Hace unas semanas surgió en una región de China un virus que causa neumonía y tiene una incidencia mortal menor al uno por ciento.    Los medios de comunicación de todo el mundo, acompañados con las redes sociales de la mentira global, decidieron que ese era el problema más terrible que había azotado al mundo desde los tiempos de la peste bubónica del siglo XIV que diezmó la población de Europa en casi un tercio. No hay telediario, portada de periódico por serio que sea o red social en la que el coronavirus no ocupe un lugar preferente y reiterativo hasta la saciedad, como si no tuviésemos bastante con las enfermedades ya conocidas que matan de verdad a muchísima gente después de largos periodos de sufrimiento y tortura vital.    No sé cómo surgió ese nuevo virus, tampoco si es nuevo, carezco de conocimientos científicos para ello, lo único que sé es lo que cuentan los especialistas, y es que apenas mata ni deja secuelas importantes.    Pese a ello, a que lo saben, los informativos siguen creando alarma a nivel mundial. ¿Por qué?

No creo que nada de lo que pasa en el mundo sea por casualidad, ni que los informativos ignoren inocentemente el número de muertos por guerras absurdas que cada año asolan al mundo de los pobres.    Vivimos un tiempo de relevos, la potencia hegemónica -Estados Unidos- tiene por primera vez desde el final de la Guerra Fría un serio competidor que se llama China.    Ese competidor fue alimentado desde los años ochenta por las potencias occidentales debido a su enorme población, a su pobreza y a los salarios bajísimos de sus trabajadores.    Han pasado cuarenta años y lo que entonces pareció una decisión magnífica para acabar con los Estados del Bienestar, abaratar costes e incrementar riquezas de modo exponencial, ha tomado otro cariz y ahora esa potencia pobre produce casi el 18% de todo lo que se fabrica en el mundo y está en disposición de dar el gran salto que la coloque en como primera potencia mundial, algo que será inevitable haga lo que haga Trump y sus amigos porque tienen el capital, la tecnología y la mano de obra necesaria.    La suspensión del Congreso Internacional de Móviles de Barcelona -Congreso que probablemente no se vuelva a celebrar tal como lo hemos conocido en años sucesivos- no se debió al coronavirus, sino a la exhibición que las grandes tecnológicas chinas iban a hacer sobre sus avances en el 5G.    Se trataba de impedir de cualquier manera que los chinos pudiesen demostrar que hay campos en los que ya están por delante de Estados Unidos y, por supuesto, de Europa.    No hay otra explicación ni otra razón.    Con la cancelación del congreso de Barcelona y la información apocalíptica sobre las consecuencias de la expansión del coronavirus se daba un paso más en la nueva guerra fría que se ha inventado Donald Trump, dejando claro a China que todo vale en la guerra y que su ascenso al primer puesto les va -nos va- a costar sangre, sudor y lágrimas.

El coronavirus es una enfermedad que no arroja datos alarmantes, primero porque no se expande al ritmo de las grandes epidemias que ha sufrido el mundo, segundo porque tampoco los porcentajes de mortandad son equiparables a los de otras plagas como la “gripe española”.    Sin embargo, y dentro de un lenguaje medieval, se está intentando crear pánico a escala global y por eso cada día nos cuentan el nuevo caso que se ha descubierto en Italia, Croacia, Malasia o Torrelodones, uno por uno, haya dado muestras de quebranto o no.    Se trata de alimentar el bicho del miedo a escala global con fines estrictamente políticos y económicos, y nunca antes como hoy, en la sociedad de la desinformación, han existido tantos medios para imponer las mentiras como verdades absolutas al servicio de intereses bastardos.    El coronavirus no es el fin del mundo ni nada que se le parezca, es una enfermedad normal, como tantas y con poca mortandad, pero la manipulación mediática interesada puede llevarnos a una crisis de consecuencias devastadoras.

Ya digo, lo comparto en una buena parte, no en todo, se nota un sesgo de izquierdas, ya, pero eso es lo de menos, intentar aproximarse a la verdad razonable no tiene ideología, y si la tuviera (que no la tiene) no debería importar.  Agradecería cualquier opinión al respecto, sea desde el punto de vista científico o desde la vertiente más sospechosamente política, o ambas, sea para compartir o sea para rebatir lo aquí planteado.

lunes, 2 de marzo de 2020

Reunión Bilateral.



El otro día se iniciaron la tanda de reuniones que formarán parte de la negociación entre el Gobierno y la Generalitat, a fin según dicen ambos equipos negociadores, de darle solución y salida al llamado "conflicto", paseo por los jardines de los intervinientes, cordialidad y suaves sonrisas, reunión en una regia sala, amplia mesa de cristal que será lo único transparente que habrá en todo el proceso, y la ventana abierta para dar sensación de que se está en un tiempo de apertura, de que una brisa renovadora impregnará todo el proceso negociador ... ... ¡acojonante!

De momento y finalizada la primera reunión, según los medios informativos, se dice que las reuniones serán mensuales y que cada cierto tiempo contará con la asistencia del presidente del Gobierno, de lo cual se desprende que "largo me lo fiais", "las cosas de palacio van despacio", y "vísteme despacio que tengo prisa".   No sé, no puedo saberlo pobre de mí, como acabará toda esta negociación, pero mojándome mucho más de lo que debiera, ahí van mis opiniones e intuiciones al respecto:

Opinión:
Vergonzosa puesta en escena por parte del Gobierno de España, dándole al acto una suerte de escenografía de negociación bilateral entre dos Estados, bien se podría haber celebrado el acto de presentación con menos boato, y atendiendo a los visitantes con el protocolo clásico y lógico que se debe mantener entre el Gobierno Central y el Gobierno de una Comunidad Autónoma.

Insistiendo una y otra vez que el proceso negociador será bajo el amparo y respeto de una denominada "seguridad jurídica", pero no se aclara si será la de España, la de la Unión Europea, la de China o la de Mónaco.
De la cara del Sr. Torra se desprendía un talante y sonrisa de quién no se creía lo que estaba viviendo, ahí es nada, siendo tratado como el máximo representante de una potencia estratégica por el Gobierno colonizador.

Intuición:
Ambas partes, por mucho que lo disimulen, están engañando a sus respectivos votantes, que decir de sus respectivos ciudadanos, los unos pretendiendo ir asegurando un Gobierno con apoyos parlamentarios estables, y los otros por mucho que su cantinela sea "amnistía" y "derecho de autodeterminación", plenamente conscientes de que ni lo uno ni lo otro será posible, pretendiendo y consiguiendo ganar tiempo de cara a unas inminentes elecciones autonómicas sin acometer la verdad real de la cuestión.

Ambas partes, poniendo las bases para un Gobierno de España constituido por el PSOE-PODEMOS establemente apoyado, y un Govern de la Generalitat constituido por ERC-PSC-En Comú Podem igualmente respaldado.

Lógicamente esta segunda pretensión dependiendo mucho del resultado de las Elecciones Catalanas próximas y sus resultados.

En fin, ni "contigo ni sin ti tiene mis males remedio", no se me ocurre peor escenario para el futuro de España en su conjunto, y queda como única y lejana esperanza que el Sr. Pedro Sánchez aparte de un mentiroso compulsivo, cualidad ampliamente aquilatada en su acervo, resulte además una persona inteligente plenamente consciente de cómo se debe actuar en el corto-medio-largo plazo y las distintas recetas a aplicar en cada tiempo.    Esto último no lo descarto en el autor de un libro que lleva por título "Manual de Supervivencia" ... ... ¡acojonante también!